La mayor líder que he conocido nunca salió en ninguna lista.
Hoy, que yo estoy en una, quiero que la conozcáis.
Me han seleccionado como candidata a las Top 100 Mujeres Líderes de España.
Pero esta historia no empieza conmigo.
Empieza en sus orígenes. Empieza con ella: mi yaya.
Nació dos días después de que estallara la Guerra Civil,
en una época en la que una mujer necesitaba permiso hasta para trabajar.
Permiso para casi todo.
Menos para ser fuerte.
Y aun así, llevó su propia carnicería en Brea de Aragón.
Con un marido pastor en el monte, sacó adelante a cuatro hijos y una casa.
Emprendedora antes de que existiera la palabra.
Esa carnicería sigue abierta.
La continuaron mis padres. Hoy la lleva mi hermano.
Y detrás de ese mostrador me crie yo.
De pocas palabras y pocas sonrisas.
Pero cuando sonreía, era de verdad.
Nunca dio una orden. No le hizo falta.
Era hogar. Y todos acudíamos a ella.
Se fue hace unos días, con 90 años, rodeada de los suyos.
Hace unos meses la vida me había obligado a parar a mí.
Cambié la coraza por un parche, mi complemento durante meses.
Y en ese tiempo entendí lo que ella siempre supo:
liderar no es no caerse. Es no esconderlo.
Si le hubiera enseñado esta candidatura, no le habría dado importancia.
Solo me habría mirado a los ojos para saber si yo estaba bien.
Así lideraba ella: desde el amor y la sencillez.
Sin hacer ruido. Sin buscar cargos ni posiciones.
Lo importante siempre era la persona.
Su mejor premio era cuidar de los suyos.
Ese es el liderazgo que no sale en ninguna lista.
Ella necesitaba permiso para firmar.
Yo dedico mi vida a que la gente entienda lo que firma.
A ella no la dejaron elegir.
A mí, sí. Gracias a ella.
A ella y muchas otras nos abrieron el camino
para que las que veníamos detrás pudiéramos elegir cómo vivir.
Y yo elijo vivir como ella:
con humildad, con el orgullo de venir de donde vengo
y con el deseo de mantener vivo el legado que llevo en los genes.
Esta candidatura lleva mi nombre, pero es suya.
Y de tantas mujeres de su época que levantaron un país en silencio.
Y de todas las que hoy siguen adelante sin coraza,
buscando un equilibrio que yo, todavía, añoro.
Pero que ya no pienso dejar de buscar.
Va por ti, yaya. 🤍
